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Familia
de las hadas
Las agrupaciones que reúnen
a los tipos de hadas son infinitas. Intentaremos
describir las más populares.
Damas blancas
Pertenecen a las más
electa comunidad de las hadas. Representan los más
elevados ideales y las más altas de las virtudes.
Visten de blanco, con gran pureza. Son la representación
del espíritu bondadoso. Ejercen la compasión
y la caridad, y viven en un constante estado solidario y
comunitario.
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Moran
en los centenarios castillos, ayudando a sus habitantes
y generando el buen humor entre sus muros. Cuando en estos
castillos vive el rey, las damas blancas procuran que sus
actos de gobierno sean justos. También colaboran
con las parturientas en los partos difíciles y protegen
al recién nacido durante su primer año de
vida.
Dentro de los arbustos, y
entre las hojas, viven para ayudar a los campesinos. Si
se las invoca correctamente, hacen crecer el trigo, multiplican
las cosechas y protegen la siembra. También pueden
convertir la paja en oro y la maleza en pan, pero si se
las irrita, provocan desgracias terribles y su ira no tiene
comparación.
Huyese Frauen es la dama
blanca alemana. Viven en los árboles y jóvenes,
y protege de los huracanes y las tempestades a los habitantes
de los bosques. Puede transformar las piedras en amuletos
y las flores en talismanes. Asiste a los viajeros que han
confundido su rumbo, y a los mortales que han perdido el
camino de su vida los ayuda a encarrilarse.
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Tipos
de hadas Damas verdes
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Personifica
a estas familias de tipos de hadas la fuerza
de la naturaleza, y se asocia a los poderes naturales. Han
ido volviéndose cada vez más etéreas
por su contacto con el viento.
Las damas verdes de los bosques son de sorprendente belleza.
De gran estatura, formas voluptuosas y figura atractiva
para los hombres, como son casi invisibles, su paso fugaz
deja en la memoria una marca eterna. Hay hombres que llevan
en la retina un retrato que creen que es de una mujer. En
realidad alguna vez se cruzaron en el bosque con una dama
verde, y esa visión los deja imposibilitados para
el amor para toda la vida.
Las damas verdes de los prados son de menor
estatura que las damas verdes de los bosques, pero de igual
belleza. Viven camufladas entre el verde de la hierba y
el de sus trajes brillantes. Su paso es ligero y grácil.
Son burlonas y a veces, dañina para los hombres.
Las damas verdes de los desiertos esconden en las grandes
planicies paraísos de agua y vegetación, bajo
la aridez desértica de la tierra. Crean oasis en
el deseo del caminante desesperado, y no como simples alucinaciones,
sino como realidades tangibles. Las damas verdes de los
hielos viven en los espejos que deja la escarcha sobre la
hierba, en los cristales que dibuja la nieve sobre las hojas,
en la capa de hielo que se transforma en camino sobre el
río y en trozo de granizo que golpea las copas de
los árboles. Su morada es siempre efímera,
como su estado de ánimo, que cambia cada vez que
se derrite su casa. Ayudan a los perdidos en las tormentas
de nieve, y se enfurecen con los que rompen el hielo que
se forma sobre los lagos. Por último las damas verdes
de los vientos, son transparentes como ninguna de las hadas
conocidas. El viento las lleva y las alimenta, el viento
les da casa y razón de ser sobre el mundo. Ellas
son el viento, ayudan a los pájaros en sus migraciones
y a las flores en su reproducción. Se confunden con
mariposas de gran tamaño, en sus momentos de ira
calientan de tal manera el aire que las compone que se incendian
bosques y praderas.
Dríadas
Son hermosas y gráciles, se reconocen
por sus pasos veloces y sus palabras certeras. Siempre responden
con inmediatez y justeza, y llegan enseguida a los lugares
donde las necesitan. Cuando se aparecen a los hombres, de
sus ojos salen rayos dorados; su mirada es irresistible
y hace sentir en las pupilas el calor del sol. Las dríadas
de las miradas de oro pueden bendecir con riquezas aquel
q quien quieran beneficiar, o derretir hasta la muerte a
quien quieran castigar.
Las dríadas de los bosques viven
en los pétalos de las flores, o entre las piedras
que abandonan los arroyos en los cauces secos. Cantan con
voces claras y susurrantes, y sus canciones se funden con
el zumbido de la brisa entre las hojas.
Por su parte las ninfas viven
en los huecos de los árboles y su existencia dura
tanto como el árbol que habitan. Por eso, buscan
con detenimiento el tronco donde quedarse, cuidan con esfuerzo
los árboles y el bosque como si cuidaran su propio
cuerpo. Saben mejor que nadie que la naturaleza tiene que
ver con su vida.
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| Mano
blanca
De
todos los tipos de hadas es una de las más
peligrosas. tiene un rostro angelical, una mirada de niña
inofensiva y una boca amable, capaz de balbucear las más
dulces palabras. Se viste con llamativos trajes transparentes,
y el cuerpo mismo es parte de esa sensación gaseosa
y etérea. Sólo sus manos se muestran humanas,
con una blancura extrema que provoca una atracción
inevitable. Nadie puede escapar de la tentación,
esos blancos dedos parecen estar siempre dispuestos a dar
la más maravillosa de las caricias. Pero deben saber
los caminantes que con sólo rozar la blancura de
esa mano conocerán la locura o incluso la muerte.
Aunque prevenidos, muchos viajeros
que emprenden su camino a través del bosque, sabiendo
de la existencia de las hadas de mano blanca, son tentados
por su piel y sus caricias. Ellas los buscan, los envuelven
en sus mágicos perfumes y se acercan con el ofrecimiento
de ayudar, para hacer grato el viaje. Son muy pocos los
que pueden escapar. Un solo roce de su blanca mano provoca
la muerte instantánea.
Cuando alguien se pierde en el bosque,
aparece moviendo sus brazos como una veleta, indicando los
puntos cardinales, y ofrece acompañar al extraviado,
extendiéndole la posibilidad de caminar como un niño,
tomado de la mano, hacia el destino buscado. Tomar la mano
blanca del hada de los extraviados es encontrar la locura
irremediable.
Se los suele ver en los bosques, a
los enloquecidos, andando por las más terroríficas
visiones y condenados a estar perdidos toda la vida.
Las hadas terrestres
De especto majestuoso, son las más
antiguas de las hadas de Inglaterra. Vivían en los
subsuelos, en la época del rey Arturo, y accedían
al mundo mortal por intrincados caminos involucrados a los
cursos de agua, arroyos, ríos y lagos. Al llegar
al mundo de los mortales, se han tenido hijas bellísimas.
Otro de los tipos de hadas
más pequeñas, viven todavía en los
claros de los bosques, y pasan la mañana contando
y bailando. Pero si se las encuentra por la noche, pierden
su hermosura, y su rostro se transforma en la máscara
más horrenda jamás imaginada, con manchas,
verrugas y pliegues con vello.
También moran en palacios abandonados
o en caserones antiguos. Suelen convertirse en pájaros
multicolores o en mariposas longevas, durante los días
de sol, pero en las tormentas nocturnas su aspecto cambia
en el de una fiera voladora sin identidad conocida y de
peligrosa naturaleza.
Las hadas y el amor
En muchas ocasiones, estos tipos de
hadas suelen enamorarse de los mortales. Graves problemas
tiene la reina con sus hadas enamoradas, y el hombre que
de un hada se enamora. Cuando adopta forma de mujer y se
presenta en el esplendor de su enamoramiento, hombre y hada
entran en un mundo mágico y peligroso, que acaba
en ocasiones con la muerte de ambos.
Las relaciones entre un humano y un
hada son apasionadas como ninguna. El placer alcanzado no
es comparable a ninguna sensación jamás conocida,
y la fidelidad que se obtiene en ese amor, es lo más
parecido que se pueda tener a la eternidad. Pero el final
de esta pareja puede ser trágico, porque la muerte
los espera y muchas veces los encuentra en su camino.
Por eso estos tipos de hadas
enamoradas no parecen frente a su amor mortal. El hombre
no se entera nunca de su existencia, pero las hadas lo protegen
siempre, haciendo que lleve una vida libre de peligros y
con deseos satisfechos. Estas hadas enamoradas cumplen la
función de las hadas madrinas. Son muy celosas, y
pueden provocar daños a la pareja humana del hombre
que ellas han elegido para amar.
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