Dieta Alimenticia

VERDADES O MITOS SOBRE LOS ALIMENTOS

El poder curativo y energético de los alimentos fue descubierto por el hombre muy tempranamente. Comenzó a asociar a algunos con el malestar; mientras que a otros les confirió dones especiales. La ciencia ha comprobado que algunos alimentos tienen poderes terapéuticos, y por lo tanto, son ideales para configurar una dieta alimenticia; mientras que otros favorecen la belleza o la vitalidad. Pero a pesar de la ciencia, poco a poco se fue formando una mitología alrededor de lo que comemos.


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Dice la medicina tradicional china: “la salud y la enfermedad entran por la boca”. Este concepto que equipara la alimentación con medicamentos es muy antiguo. Podría decirse que cada alimento tiene un sustrato de sapiencia acerca de su bondad o perjuicio para el organismo. Sin embargo, no todas estas creencias son ciertas. Aunque parezcan inofensivos, los mitos acerca de la alimentación pueden ser peligrosos porque se vinculan directamente con la salud. Y no es fácil desmentir mitos, ya que tampoco son del todo falsos y están elaborados con partes iguales de antiguas creencias y conocimientos populares. Alimentos, hierbas, raíces, especias, jugos y tisanas fueron analizados bajo la lupa del rigor científico y corroborado en sus efectos terapéuticos y preventivos de enfermedades, se los incorporó en la dieta alimenticia.

Para obtener una buena dieta alimenticia hay que despejar mitos

Ciencia nutricional y la dieta alimenticia

La base de la ciencia nutricional con respecto a la dieta alimenticia de nuestros días, tiene raíces en la primitiva medicina occidental. Hace más de dos mil años Hipócrates, el antiguo médico griego, relacionó las enfermedades con las propiedades físicas de los alimentos. Los consejos de moderación y variedad en la alimentación, recomendados por los antiguos griegos, suenan marcadamente similares a las guías nutricionales dadas hoy en día. Sin embargo, los consejos específicos acerca de los alimentos dictaban mucho de ser científicos y no cambiaron demasiado hasta que la nutrición comenzó a desarrollarse como una verdadera ciencia, hace no más de doscientos años. Durante el mismo período, las enseñanzas de la cultura asiática también fueron agregando elementos a este folklore. Las cualidades opuestas del yin (suave, bajo en calorías) y el yang (fuerte, picante) en los alimentos eran consideradas críticas para la armonía del cuerpo y, a veces, importantes para el tratamiento de las enfermedades.

En este último siglo, la ciencia de la nutrición finalmente empezó a revelar la composición de los alimentos. A fines del siglo XVIII, loa científicos recién comenzaban a entender el papel que desempeñaba el alimento, como combustible del cuerpo. Y por ello, la necesidad de encontrar las propiedades ideales para lograr una dieta balanceada.

El valor de los alimentos

Las tradiciones alimentarias, así como los mitos, reflejan nuestra cultura. Muchos alimentos tienen una alta carga simbólica. Algunos ayudan a definir nuestras celebraciones culturales. Mientras que este acervo de tradiciones alimentarias no entre en contradicción con una dieta alimenticia, práctica y saludable, permanecerá en un lugar respetado y, a menudo, celebrado, de nuestras vidas.

Muchas de estas ideas no tienen una real base científica. Algunas de estas ideas folklóricas han probado ser neutrales y otras de gran utilidad. Aún hoy existen mitos que encierran nuestras creencias acerca de ciertos alimentos y sus propiedades curativas. Si miramos hacia el pasado, podemos sonreír acerca de muchas nociones sobre ellos. Sin embargo, nos es difícil distinguir la verdad de las mentiras y mitos sobre los alimentos que, hoy en día, componen nuestra dieta alimenticia.

Mitos sobre la alimentación

A continuación, develaremos los mitos más comunes sobre la alimentación, y así, ustedes mismos serán capaces de discernir y armar una dieta alimenticia, que sea sana y aplicable en la cocina y su familia.

Mitos de la alimentación de los niños

Mito: Los bebés regordetes a menudo se transforman en adultos gordos.

Realidad: El sobrepeso de los adultos normalmente no está relacionado con el hecho de que hayan sido bebés regordetes. Restringir la alimentación de un bebé puede causar serios daños a su crecimiento y privarlos de los nutrientes adecuados y la energía necesaria para mantener una buena salud, y alcanzar un adecuado desarrollo y estatura.

Mito: Los bebés no tienen el sentido del gusto.

Realidad: En realidad, pueden percibir sabores. Los bebés nacen con una innata predilección por los sabores dulces. Perciben las diferencias en el sabor de la leche materna, cuando su madre ha ingerido alimentos, dentro de su dieta alimenticia, con sabores fuertes como el ajo, las cebollas, brócolis o porotos. Sus papilas gustativas detectan, también, los alimentos nuevos cuando éstos le son ofrecidos por primera vez.

Mito: Los niños tienen que “dejar limpios sus platos”.

Realidad: Presionar a los niños para que coman completamente todo lo que está en su plato es poner demasiado énfasis en la comida, lo cual puede crearles el hábito de comer en demasía, lo que puede tener repercusiones en el futuro. A veces los adultos no se dan cuenta de que las porciones que sirven a los niños pueden ser demasiado grandes para ellos. Es responsabilidad de los padres decidir qué tipo y cantidad de alimentos se le ofrece a sus hijos, para que éstos aprendan a elegir correctamente y así construir buenos hábitos dentro de los parámetros.

Mito: Los niños gordos deben seguir un plan de adelgazamiento.

Realidad: La restricción de calorías puede resultar peligrosa para el crecimiento de los niños, pues, es posible que les falten los nutrientes necesarios para su buena salud, así como la cantidad adecuada de energía para que se desarrollen, aprendan y exploren el mundo. Normalmente, si se les enseñan hábitos correctos de alimentación y llevan a cabo una intensa actividad de juegos, todos los niños crecerán con un peso adecuado. La mayoría no necesita seguir ningún tipo de dieta alimenticia en especial.

Alimentos orgánicos

Mito: Los alimentos que se cultivan en forma orgánica son más saludables que aquellos que siguen métodos convencionales.

Realidad: No existe evidencia científica que demuestre diferencia alguna. En cualquiera de los dos casos, el contenido básico de sustancias nutritivas es, más o menos, el mismo, siempre que los alimentos hayan sido manipulados en un modo adecuado. Los alimentos orgánicos son tratados con pesticidas e insecticidas naturales para evitar el daño en las cosechas. En el caso de los alimentos convencionales, los pesticidas con los cuales se los trata, son cuidadosamente monitoreados por los organismos sanitarios, para asegurar que no sean tóxicos para los seres humanos y su dieta alimenticia.

Mitos del Azúcar

Mito: La miel y el azúcar sin refinar son más nutritivas y contienen menor cantidad de calorías que el azúcar refinada.

Realidad: Desde el punto de vista nutricional, las cantidades de calorías y el contenido de hidratos de carbono, en los azúcares naturales y en los refinados es aproximadamente el mismo; unas cuatro calorías por cada gramo de hidrato de carbono, pues, tan sólo, son diferentes formas de azúcar, que es un hidrato de carbono simple. Dado que la miel presenta una mayor concentración que el azúcar, se puede utilizar una menor cantidad para lograr el mismo efecto cuando se quiere endulzar un alimento o bebida permitida.

Gran mito de la carne en la dieta alimenticia

Mitos de la Carne

Mito: La carne roja no debe ser parte de una dieta baja en grasas y colesterol.

Realidad: Algunos cortes de carne roja- por ejemplo, el cuadril, el peceto- son tan magros como el pollo. Dentro de un plan de alimentación saludable, la carne roja contribuye con muchos de los nutrientes esenciales, incluyendo, hierro, zinc, vitaminas B6 y B12 y proteínas, sin aportar demasiadas grasas o colesterol. El objetivo de una dieta alimenticia debe de ser la moderación: entre 150 a 200 gramos diarios de carne magra, pollo o pescado.

Mitos de Lácteos

Mito: Cuando se lleva a cabo una dieta baja en grasas, es necesario evitar consumir productos lácteos.

Realidad: Existe una gran variedad de quesos, yogures o leches con bajo contenido de grasas o libres de ellas. Independientemente del contenido graso, los lácteos son excelentes fuentes de calcio y otros nutrientes necesarios para el cuerpo y, por lo tanto, para nuestra dieta.

Mitos con Sal y Sodio

Mito: Los alimentos libres de sal son, también libres de sodio.

Realidad: La sal de mesa es un compuesto de cloruro de sodio. Existe una gran cantidad de ingredientes que contienen sodio, además de la sal de mesa, como por ejemplo, el glutamato de monosodio, la salsa de soja y el polvo de leudar. Si un alimento tiene en su etiqueta la leyenda “sin sal”, debe contener menos de cinco miligramos de sodio por porción, cualquiera sea su origen.

Mitos con Huevos

Mito: Los huevos de color son de mejor calidad que los blancos.

Realidad: El color de la cáscara no tiene ninguna relación con los valores nutritivos del huevo. El color de la cáscara de los huevos puede variar desde el blanco hasta el marrón, dependiendo de la variedad de las razas de las gallinas. Así que el color de la cáscara de los huevos no influye en la nutrición de ésta, nuestra dieta alimenticia.


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