El valor de los
alimentos en la dieta alimenticia
Las tradiciones alimentarias, así como
los mitos, reflejan nuestra cultura. Muchos alimentos tienen una
alta carga simbólica. Algunos ayudan a definir nuestras celebraciones
culturales. Mientras que este acervo de tradiciones alimentarias
no entre en contradicción con una dieta alimenticia,
práctica y saludable, permanecerá en un lugar respetado
y, a menudo, celebrado, de nuestras vidas.
Muchas de estas ideas alimenticias no tienen
una real base científica. Algunas de estas ideas folklóricas
han probado ser neutrales y otras de gran utilidad. Aún hoy
existen mitos que encierran nuestras creencias acerca de ciertos
alimentos y sus propiedades curativas. Si miramos hacia el pasado,
podemos sonreír acerca de muchas nociones sobre ellos. Sin
embargo, nos es difícil distinguir la verdad de las mentiras
y mitos sobre los alimentos que, hoy en día, componen nuestra
dieta alimenticia.
Mitos comunes
A continuación, develaremos los mitos
más comunes sobre la alimentación, y así, ustedes
mismos serán capaces de discernir y armar una dieta alimenticia,
que sea sana y aplicable en la cocina y su familia.
La alimentación
de los niños
Mito: Los bebés regordetes
a menudo se transforman en adultos gordos.
Realidad: El sobrepeso de los adultos normalmente
no está relacionado con el hecho de que hayan sido bebés
regordetes. Restringir la alimentación de un bebé
puede causar serios daños a su crecimiento y privarlos de
los nutrientes adecuados y la energía necesaria para mantener
una buena salud, y alcanzar un adecuado desarrollo y estatura.
Mito: Los bebés no tienen
el sentido del gusto.
Realidad: En realidad, pueden percibir sabores.
Los bebés nacen con una innata predilección por los
sabores dulces. Perciben las diferencias en el sabor de la leche
materna, cuando su madre ha ingerido alimentos, dentro de su dieta
alimenticia, con sabores fuertes como el ajo, las cebollas,
brócolis o porotos. Sus papilas gustativas detectan, también,
los alimentos nuevos cuando éstos le son ofrecidos por primera
vez.
Mito: Los niños tienen que
“dejar limpios sus platos”.
Realidad: Presionar a los niños para
que coman completamente todo lo que está en su plato es poner
demasiado énfasis en la comida, lo cual puede crearles el
hábito de comer en demasía, lo que puede tener repercusiones
en el futuro. A veces los adultos no se dan cuenta de que las porciones
que sirven a los niños pueden ser demasiado grandes para
ellos. Es responsabilidad de los padres decidir qué tipo
y cantidad de alimentos se le ofrece a sus hijos, para que éstos
aprendan a elegir correctamente y así construir buenos hábitos
dentro de los parámetros de una dieta alimenticia.
Mito: Los niños gordos deben
seguir un plan de adelgazamiento.
Realidad: La restricción de calorías
puede resultar peligrosa para el crecimiento de los niños,
pues, es posible que les falten los nutrientes necesarios para su
buena salud, así como la cantidad adecuada de energía
para que se desarrollen, aprendan y exploren el mundo. Normalmente,
si se les enseñan hábitos correctos de alimentación
y llevan a cabo una intensa actividad de juegos, todos los niños
crecerán con un peso adecuado. La mayoría no necesita
seguir ningún tipo de dieta alimenticia en especial.
Los alimentos orgánicos
Mito: Los alimentos que se cultivan
en forma orgánica son más saludables que aquellos
que siguen métodos convencionales.
Realidad: No existe evidencia científica
que demuestre diferencia alguna. En cualquiera de los dos casos,
el contenido básico de sustancias nutritivas es, más
o menos, el mismo, siempre que los alimentos hayan sido manipulados
en un modo adecuado. Los alimentos orgánicos son tratados
con pesticidas e insecticidas naturales para evitar el daño
en las cosechas. En el caso de los alimentos convencionales, los
pesticidas con los cuales se los trata, son cuidadosamente monitoreados
por los organismos sanitarios, para asegurar que no sean tóxicos
para los seres humanos y su dieta alimenticia.
AZÚCAR
Mito: La miel y el azúcar
sin refinar son más nutritivas y contienen menor cantidad
de calorías que el azúcar refinada.
Realidad: Desde el punto de vista nutricional,
las cantidades de calorías y el contenido de hidratos de
carbono, en los azúcares naturales y en los refinados es
aproximadamente el mismo; unas cuatro calorías por cada gramo
de hidrato de carbono, pues, tan sólo, son diferentes formas
de azúcar, que es un hidrato de carbono simple. Dado que
la miel presenta una mayor concentración que el azúcar,
se puede utilizar una menor cantidad para lograr el mismo efecto
cuando se quiere endulzar un alimento o bebida permitida en nuestra
dieta alimenticia.
CARNE
Mito: La carne roja no debe ser parte
de una dieta baja en grasas y colesterol.
Realidad: Algunos cortes de carne roja- por
ejemplo, el cuadril, el peceto- son tan magros como el pollo. Dentro
de un plan de alimentación saludable, la carne roja contribuye
con muchos de los nutrientes esenciales, incluyendo, hierro, zinc,
vitaminas B6 y B12 y proteínas, sin aportar demasiadas grasas
o colesterol. El objetivo de una dieta alimenticia
debe de ser la moderación: entre 150 a 200 gramos diarios
de carne magra, pollo o pescado.
LÁCTEOS
Mito: Cuando se lleva a cabo una
dieta baja en grasas, es necesario evitar consumir productos lácteos.
Realidad: Existe una gran variedad de quesos,
yogures o leches con bajo contenido de grasas o libres de ellas.
Independientemente del contenido graso, los lácteos son excelentes
fuentes de calcio y otros nutrientes necesarios para el cuerpo y,
por lo tanto, para nuestra dieta.
SAL Y SODIO
Mito: Los alimentos libres de sal
son, también libres de sodio.
Realidad: La sal de mesa es un compuesto de
cloruro de sodio. Existe una gran cantidad de ingredientes que contienen
sodio, además de la sal de mesa, como por ejemplo, el glutamato
de monosodio, la salsa de soja y el polvo de leudar. Si un alimento
tiene en su etiqueta la leyenda “sin sal”, debe contener
menos de cinco miligramos de sodio por porción, cualquiera
sea su origen.
HUEVOS
Mito. Los huevos de color son de
mejor calidad que los blancos.
Realidad: El color de la cáscara no
tiene ninguna relación con los valores nutritivos del huevo.
El color de la cáscara de los huevos puede variar desde el
blanco hasta el marrón, dependiendo de la variedad de las
razas de las gallinas. Así que el color de la cáscara
de los huevos no influye en la nutrición de ésta,
nuestra dieta alimenticia.