Después
de la segunda guerra mundial se diseñaron proyectiles-cohete
cada vez más potentes y precisos. Fue entonces creado el
proyecto americano “Vanguard”, que preveía
la puesta en órbita de una pequeña esfera con instrumentos
de la ya existente tecnologia moderna. Cuando de pronto
desde el espacio llegó un “bip-bip” que preocupó
al mundo entero, por creerse que éste provenía del
espacio exterior y que era totalmente ajeno al ser humano. El
primer satélite artificial, el denominado “Sputnik”,
había sido lanzado por Rusia el día 4 de octubre
de 1957.
La importancia
de los satélites artificiales
Explicar todos sus usos y utilidades
sería muy largo. Así que hablemos sólo de
los más importantes. Ante todo, los satélites desarrollan
un trabajo de observación muy útil sobre las altas
capas de la atmósfera, y por lo tanto, sobre el espacio
extra atmosférico. Estudian los rayos cósmicos,
los micro meteoritos, etc., y preparan, de ese modo, el camino
de los viajes espaciales del futuro. Para los usos terrestres
hacen de puente de radio en las comunicaciones de radio y televisión.
Todos habrán oído hablar del famoso Early Bird (Pájaro
del Alba), el primer satélite comercial y un ejemplo de
la tecnologia moderna, utilizado para las trasmisiones
de los programas de televisión.
Además de las inevitables
utilizaciones militares (satélites espías), los
satélites artificiales se emplean también para la
asistencia de la navegación, de los submarinos y de los
aviones. Se habla desde hace tiempo de espejos solares orbitales
capaces de facilitar energía para la desalinización
del agua de mar o de observatorios de astronomía colocados
por encima del inestable y opaco espesor del aire. Actualmente,
los satélites con mayor tecnologia moderna, son
lanzados casi exclusivamente por los Estados Unidos y por la Unión
Soviética, pero existen también algunos programas
europeos que ya han obtenido óptimos resultados.
El
espacio y el hombre
Los satélites artificiales
han prestado valiosos servicios y contribuido sobremanera al progreso
de la ciencia y la tecnologia moderna. Aunque su tarea
se desarrolla completamente en el espacio, sus resultados influyen
cada vez más sobre nuestra vida terrestre. La necesidad
de construir satélites complejos y livianos ha contribuido
a desarrollar una técnica constructiva que se denomina
micro miniaturización. Gracias a esta técnica ha
sido posible construir pequeñísimos aparatos electrónicos
que, insertados bajo la piel, regulan el ritmo cardíaco
de los enfermos del corazón. Igualmente se han construido
aparatos para facilitar la audición a quienes oyen mal.
La necesidad de fabricar materiales
resistentes a las altas temperaturas ha dado grandes resultados.
Hoy existen materiales livianísimos y muy resistentes que
forman parte de la tecnologia moderna; utilizados en
la industria, frutos de esta búsqueda. Incluso en minería
se utilizan algunas técnicas de excavación que se
basan en experiencias espaciales. El continuo perfeccionamiento
de las calculadoras electrónicas, debido a la complejidad
de los vuelos cósmicos, ha permitido una gran difusión
de estas maravillosas máquinas. Y esto ha influido muchísimo
en la vida del hombre del futuro.
La era atómica
Durante casi dos mil años,
los científicos creyeron que los átomos eran pequeñísimas
partículas indivisibles de las cuales se componía
toda la materia. John Dalton, abriendo una inmensa brecha hacia
el desarrollo de la tecnologia moderna, demostró que la
materia, en todos sus aspectos, está compuesta por pocos
elementos. Combinando átomos de elementos distintos es
posible obtener las diversas sustancias conocidas. Hasta el siglo
XIX se conocía en la naturaleza sólo 92 elementos.
¡El hierro era hierro y nadie podía convertirlo en
otro metal! Pero a fines del siglo algo cambió. Pierre
y Marie Curie, en noviembre de 1898, descubrieron la radioactividad
y el concepto del átomo indivisible sufrió un duro
golpe. El átomo era, pues, divisible y transformable. La
luminiscencia observada por los Curie se debía, efectivamente,
a partículas de energía emitidas por el átomo
mismo. De tal modo, el átomo se consumía en una
transformación de materia de energía. Era realmente
un descubrimiento revolucionario y que mucho colaboraría
con el desarrollo de la ciencia y la tecnologia moderna.
La transformación
de la materia y el poder de la energía atómica
En 1919, Ernest Rutherford (1871-1937)
logró “bombardear” átomos de nitrógeno
con rayos alfa. Cuando una partícula alfa golpeaba un núcleo
de nitrógeno, éste se rompía liberando algunos
de sus siete protones. Alguno de estos protones liberados “capturaba”
un electrón transformándose en un átomo de
hidrógeno. El experimento de Rutherford fue extremadamente
importante. Los progresos sucesivos para la utilización
de la energía atómica (importantísima dentro
de la tecnologia moderna) llegaron con el descubrimiento del “neutrón”,
partícula sin ninguna carga eléctrica contenida
en todos los núcleos de los átomos, salvo el hidrógeno.
En la combustión se produce una reacción
química: los átomos de algunas sustancias se combinan
entre sí para formar nuevas sustancias, pero sus núcleos
permanecen inalterables. Pero cuando se rompe un núcleo
atómico, la materia misma, es decir, la masa, se transforma
en calor. Albert Einstein fue el primero que previó la
enorme energía encerrada en el núcleo atómico.
La terrible confirmación del poder de semejante energía
tuvo lugar el 6 de agosto de 1945, cuando un avión americano
dejó caer una bomba atómica sobre la ciudad japonesa
de Hiroshima, matando a casi 100.000 personas y destruyendo completamente
la ciudad. En este caso se hizo uso de una invención de
la tecnologia moderna de modo terrible y nefasto. |