| La
circulación de la sangre
En el siglo XVI, notorio siglo para la ciencia, se realizaron numerosos progresos en el campo
de la fisiología. En ese sentido fue fundamental el descubrimiento
de la circulación de la sangre, que sentó las bases
para la formación de una nueva ciencia biológica.
Se lo debemos al inglés William Harvey (1578 – 1675),
quien, aprovechando todos los conocimientos de sus antecesores,
los sintetizó genialmente creando una nueva teoría.
Gracias a los nuevos instrumentos que existían, logró
medir la cantidad de sangre bombeada por el corazón y trazar
su recorrido. Realizó experimentos para demostrar la existencia
de válvulas en los vasos sanguíneos y el papel diferente
de venas y arterias.
La Astronomía
La revolución
de Copernico
Hacia el año 140 vivió uno de los
más grandes estudiosos de la antigüedad, Claudio Tolomeo,
cuya obra científica tuvo una gran influencia sobre los
estudios de las épocas sucesivas. Según Tolomeo,
la Tierra estaba inmóvil en el centro del universo. El
universo de Tolomeo, con sus órbitas circulares y con la
Tierra inmóvil en el centro, concordaba perfectamente con
las doctrinas filosóficas y religiosas de la Edad Media.
En el siglo XV, según lo registrado un gran astrónomo polaco, Copernico,
descubrió que la Tierra no era el centro del universo,
sino que giraba alrededor del Sol junto con la Luna y otros planetas.
Naturalmente, esas afirmaciones fueron recibidas con mucha hostilidad,
pues no todos aceptaban que la Tierra no fuera el centro del universo.
Galileo Galilei
El primer científico realmente merecedor
de ese título en la época moderna fue Galileo Galilei
(1564-1642). En efecto, descubrió que el mundo está
constituido por un sinfín de fuerzas “calculables”
y de cuerpos “mesurables”.
Con sus experiencias Galilei demostró que las teorías
de Aristóteles sobre la caída de los cuerpos carecían
de fundamento. Aristóteles decía que la velocidad
de la caída de los cuerpos dependía de su peso,
pero Galilei demostró que un objeto de una libra y otro
de cien libras soltados de una misma altura caían juntos
a tierra. Entre otras muchas realizaciones de Galilei, nos muestra
la historia de la ciencia “el termobaroscopio”, el
cual permitía medir la temperatura.
Galileo y la astronomía
Antes de Galileo, la observación de los
astros se realizaba a simple vista y sin ayuda de lentes. En 1590
Giovanni Della Porta inventó una especie de catalejo, que
fue perfeccionando Galileo hasta el punto de poder aumentar un
objeto treinta veces su tamaño. El gran científico
hizo también numerosas observaciones respecto a la luna,
y descubrió gran cantidad de estrellas, así como
los satélites de Júpiter.
El catalejo que perfeccionó Galileo era
muy sencillo: consistía en un tubo de cartón forrado
de piel en cuyos extremos se habían fijado dos lentes.
Los dibujos de Galileo, registrados para siempre
en la historia, muestran la superficie
de la luna cubierta de cráteres y de altísimas montañas,
lo cual asombró a sus contemporáneos que la creían
completamente lisa.
Galileo descubrió manchas en el sol y observó la
extraña forma de Saturno.
La revolución
Galileiana
Según las teorías astrológicas
de la antigüedad, la Tierra coincidía con el centro
del universo, y alrededor de ella giraba una serie de esferas
cristalinas unidas entre sí en las que se encontraban los
otros planetas, el Sol y la Luna. Más allá de ese
universo, limitado por la gran esfera de las estrellas fijas,
estaba el Reino de los Cielos. Quien osara poner en duda ese sistema
corría el riesgo de terminar en la hoguera, como Giordano
Bruno. La actividad de Galileo como astrónomo comenzó
en 1604, cuando en el cielo apareció un nuevo cuerpo luminoso.
Como aquella nueva estrella no podía estar más allá
de la esfera de las estrellas fijas, Galileo comenzó a
pensar que aquella famosa esfera no existía y que las concepciones
de Aristóteles no eran ciertas. Fue un período negro
y el comienzo de
una lucha que Galileo condujo contra la iglesia de su tiempo,
aferrada a las concepciones tradicionales, y ante la cual tuvo
que reconocer sus “errores”, a pesar de tener razón.
Galileo no tomó en cuenta la imposición
de las autoridades eclesiásticas, demostrando que sus ideas
respondían a la realidad. Eso le valió la condena
por herejía. Bajo el temor y la amenaza de muerte, Galileo,
ya viejo y debilitado, admitió su error y pidió
clemencia. Después del proceso se lo confinó en
la villa de Arcetri donde murió luego de haber perdido
la vista, en el año1642.
La obra de Galileo se basa fundamentalmente en
sus descubrimientos en el campo de la física y sobre todo
a lo relacionado con la caída de los cuerpos.
Las Asociaciones
Científicas
El notable desarrollo de las ciencias en el siglo
XVII contribuyó al intercambio de ideas y de experiencias
entre los científicos de diversos países. Hasta
entonces se habían limitado éstos a un intercambio
de correspondencia en latín, que era la lengua utilizada
internacionalmente por todos los estudiosos. Poco a poco, está
plasmado y los científicos
de una misma ciudad comenzaron a reunirse cada vez con mayor frecuencia
para discutir y comparar sus investigaciones. D e esas reuniones
nacieron las primeras academias de ciencias, y gracias a la actividad
de las mismas se crearon muchísimos instrumentos de investigación
tales como el telescopio, el termómetro, etc.
La microscopía
El estudio de la vida, llamado biología,
debe su desarrollo al invento del microscopio. No se sabe quién
construyó ese instrumento por primera vez. Galileo hizo
uno combinando algunos lentes, pero el perfeccionamiento del microscopio
fue obra de grandes ópticos como Kepler, Fontana y Huygens.
A partir de la segunda mitad del siglo XVII el microscopio se
empezó a aplicar cada vez más para la observación
de los más pequeños organismos, iniciándose
así la nueva ciencia biológica. A partir de ese
momento comenzaron incesantes descubrimientos en los campos más
dispares de la biología: de la embriología de las
plantas a los invertebrados, de la descripción de la corteza
cerebral a la metamorfosis del renacuajo.
Como actores de reparto los científicos holandeses, ingleses e italianos trabajaron
durante toda la mitad del siglo XVII con incansable espíritu
en su intento de descubrir el fascinante mundo de los microorganismos,
para lo cual el microscopio fue un instrumento insustituible.
Marcelo Malpighi
Médico y biólogo italiano, nacido
en 1628 en Bolonia, fue muy apreciado en el exterior, e incluso
llegó a ser invitado por la Royal Society de Londres. Sus
compatriotas, en cambio, lo hicieron objeto de persecuciones,
debido a la envidia de algunos médicos de la universidad
de su ciudad natal. Malpighi realizó innumerables descubrimientos,
imposibles de enumerar por lo abundantes. Uno de los más
importantes, fue el de los capilares del pulmón de rana
y otros órganos en los que vio la circulación de
la sangre. Fue el iniciador de la anatomía microscópica
y enriqueció con numerosas observaciones el estudio de
los cuerpos enfermos. Observó el embrión de pollo
e hizo la primer descripción detallada de un invertebrado,
seccionando hábilmente un gusano de seda. Dedicó
también muchos años de su vida al estudio de las
plantas.
Los Progresos
de la Astronomía
El
observatorio de París se creó por orden de Luis
XIV, y trabajaron allí grandes astrónomos como Huygens,
Picard, Roemer y Casini.
En el siglo XVII Carlos II de Inglaterra hizo construir el observatorio
de Greenwich, bajo la dirección de John Flamsteed. A éste
le sucedió Edmond Haley, quien, en 1720, estudió
el famoso cometa que lleva su nombre. En París también
se llevaron a cabo importantísimas investigaciones en el
campo de la astronomía.
El astrónomo Olans Roemer (1644-1710), logró
realizar la primera medición de la luz. Tras una serie
de cálculos, el astrónomo llegó a la conclusión,
posteriormente comprobada, que la velocidad de la luz es de 300.000
kilómetros por segundo.
Isaac Newton
Nacido en Wollsthorpe en 1642, Newton ingresó
a los diecinueve años a la universidad de Cambridge, y
a los veintiséis ya había obtenido el grado academico
más elevado. Las investigaciones de Newton en el campo
de la óptica fueron fundamentales para esa ciencia que
todavía se inspiraba en las teorías de Aristóteles.
Ya antes de Newton, muchos estudiosos habían observado
que un rayo de luz se descomponía en los colores del arco
iris cuando atravesaba un prisma. Newton estudió a fondo
ese fenómeno y demostró que la luz está constituida
por los colores del arco iris y que éstos, una vez unidos,
vuelven a dar luz blanca. Newton elaboró también
una teoría sobre la composición de la luz, que él
consideraba formada por minúsculos corpúsculos.
La obra de Newton fue fundamental para el desarrollo
de la humanidad y a lo largo de la historia.
Hemos visto que Copernico introdujo el concepto de que la Tierra
giraba alrededor del Sol, y gracias Kepler se formularon las famosas
leyes sobre el movimiento de los planetas. Con Newton, esas sucesivas
fases del saber humano fueron sintetizadas y expresadas en una
fórmula definitiva: la ley de la “gravitación
universal”. Al observar la caída de un fruto maduro,
Newton intuyó las leyes que regulan el equilibrio universal.
Los Cientificos
del Siglo XVIII
Luego del invento de la máquina a vapor
y más adelante la creación del primer motor de aplicación
universal, se constituye el período de la “revolución
industrial”. Se llama Revolución industrial a la
profunda transformación que en el transcurso de un siglo
y medio sustituyó el taller del artesano por la fábrica.
Desde la antigüedad se creía que la
vida se generaba espontáneamente en las sustancias putrefactas.
Un sabio italiano, Francisco Redi (1626-1689) refutó decididamente
esa teoría. En su libro “Experiencias relacionadas
con la generación de los insectos” demostró
que los sabios de la antigüedad estaban equivocados.
Redi hizo pudrir carne en dos casos, uno de ellos herméticamente
cerrado y el otro abierto. Al cabo de un tiempo, observó que
si bien ambos trozos se habían podrido, la carne que no
había estado en contacto con el aire no había generado
gusanos, pues las moscas no habían podido depositar allí
sus huevos. Claro que los escépticos no quedaron convencidos.
Más tarde, Antonio Vallisnieri (1661-1730), tras múltiples
ensayos, demostró científicamente que los insectos
de la bellota nacen también de huevos.
La astronomía
en el siglo XVIII
En el siglo XVIII las investigaciones astronómicas
se extendieron más allá de nuestro sistema solar.
El pionero de esta audaz exploración fue William Herschel
(1738-1822), quien desde Hannover emigró a Inglaterra,
donde dedicó la mayor parte de su vida al estudio de los
astros. Su tenacidad y su constancia le permitieron construir
un telescopio de dieciséis centímetros de abertura
y de casi dos metros de largo
.
Tras un meticuloso estudio de las estrellas hasta su octava magnitud
y múltiples observaciones realizadas con sus telescopios,
Herschel logró definir la forma y los contornos de la Vía
Láctea. Se trataba de un disco aplastado cuyo diámetro
medía cinco veces su espesor. Después de lo cual
Herschel dedicó su atención a las nebulosas que
se encontraban en el espacio más allá de nuestra
galaxia. Sus observaciones lo llevaron a la conclusión
de que las nebulosas estaban formadas por una especie de materia
filamentosa que giraba alrededor de una estrella fija. Uno de
los descubrimientos más importantes de Herschel, fue que la ley de Newton
sobre la gravitación universal puede aplicarse perfectamente
más allá de nuestro sistema solar.
La química
La segunda mitad del setecientos se caracterizó
por notables progresos en el campo de la química. Los mayores
científicos de la época se adhirieron a la teoría
del “flogisto”. Según esa teoría, cuando
un cuerpo arde pierde una sustancia (el flogisto) que es absorbida
por el aire. En realidad, una sustancia que arde no pierde flogisto
sino que consume oxígeno y la combustión cesa cuando
todo el oxígeno del aire se ha consumido. Ese importante
descubrimiento se debe al gran químico francés Lavoisier.
Otros grandes químicos de Inglaterra hicieron importantes
descubrimientos sobre
los gases, así como el oxígeno. Y la demostración
de que el agua es un compuesto de oxígeno e hidrógeno.
Lavoisier
Antonie Lavoisier nació en 1743, en el
seno de una familia acomodada. En 1794, por motivos que nunca
fueron aclarados, el tribunal revolucionario lo arrestó
y condenó a morir en la guillotina. A Lavoisier le corresponde
el mérito de haber probado definitivamente el error contenido
en la teoría de flogisto y haber demostrado experimentalmente
la ley de la conservación de la materia: “nada se
crea y nada se destruye”. Para probar esa ley, Lavoisier
construyó él mismo unas balanzas de gran precisión.
La Conquista
del Cielo
El hombre siempre aspiró a volar. Desde
la antigüedad y a lo largo de la historia de la ciencia
nos han llegado innumerables leyendas y mitos al respecto. Pero
sólo en el Renacimiento, con los apasionados estudios de
Leonardo, el vuelo comenzó a considerarse como un problema
capaz de ser resuelto científicamente. A fines del siglo
XVIII, gracias a los progresos realizados en el estudio del gas,
se pudo asistir a la primera ascensión histórica
del hombre. Tras innumerables proyectos de los hermanos Montgolfer
resultó decisiva. Al observar que el humo tiende a elevarse,
lograron aprovechar ese fenómeno soltando enormes globos
llenos de aire caliente. La primera ascensión con hombres
a bordo tuvo lugar el 21 de noviembre de 1783. El globo aerostático,
profusamente adornado voló ocho kilómetros sobre
París.
La electricidad
En la antigüedad ya se conocían algunos
fenómenos eléctricos, pero se los consideraba de
carácter magnético. El estudio de la electricidad, se inició en
Inglaterra tan sólo en el siglo XVI gracias a Gilbert,
quien distinguió por primera vez los fenómenos eléctricos
de los magnéticos. Pero Gilbert no pudo hacer grandes progresos
en sus observaciones, pues le faltaba un instrumento capaz de
producir electricidad. La construcción de semejante máquina
fue obra de Otto von Guericke. Para ese fin se sirvió de
una esfera de azufre que se hacía rodar mediante una manivela.
Al apoyar una mano sobre la esfera rodante se obtenía electricidad.
César Beccaria en 1753 publicó un
libro que podemos considerar, por lo menos hasta ese entonces,
la obra más completa sobre electricidad. En él,
el sabio demostraba que los cuerpos no se dividen en “conductores”
y “aislantes”, como se creía, sino que esos
conductores no se comportan siempre de la misma manera. Demostrando,
por ejemplo, que el agua es menos conductora que los metales sólidos.
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