Aprende a interpretar el lenguaje del pequeño para que la relación entre mi bebe y yo sea más íntima. Él habla con sus sonidos y llantos para expresar dolor, hambre, frío, miedo, cansancio, placer... Háblale y tócalo. Aunque él no responda con palabras, comprende lo que dices. Y trata de llamarlo siempre por su nombre o del modo que lo llamas cariñosamente.
Cuida el vínculo con tu hijo. No es extraño que te sientas a gusto con un bebe tranquilo, pero abrumada con uno irritable. Debes estar atenta, leer las señales no verbales que emite e intentar siempre responder adecuadamente. Con cada hijo tu estilo de comunicación puede variar, porque cada uno es único.
Fomenta un ambiente tranquilo y un ritmo de vida ordenado. Evita momentos rápidos, nerviosos o violentos. El bebe se relaja sólo cuando la madre está relajada y bien dispuesta. Y tienes que pensar que el mundo para mi bebe y yo, será el mismo.
Cuida los hábitos del sueño del bebe. En la medida de lo posible, acostumbrándolo a dormir con los ruidos habituales de la casa y en su propia cuna o cama. La canción de cuna tranquiliza enormemente. Le ayuda a conciliar el sueño y sentirse más seguro.
Las separaciones en este momento de la vida del bebe no son fáciles para nadie. Si tienes que salir a trabajar, asegúrate de que la persona que quede sea de tu confianza. Pasando el primer momento, la situación se supera con mayor tranquilidad, de cualquier modo, es bueno planificarlo con la pareja y el pediatra en función de cada situación.
Las caricias
Las caricias son esenciales en el proceso de vinculación entre mi bebe y yo, las necesita del mismo modo que cualquier criatura animal.
El bebe nace sociable y busca el afecto físico en caricias, abrazos y besos, por eso es importante que tanto tú como tu pareja expresen libre y físicamente el amor por su bebe.
El afecto físico es clave en el desarrollo emocional del niño, no lo olvides. Un niño privado de afecto físico carece de un estímulo esencial para su crecimiento.
El apego es contacto y comunicación
La comunicación que nace entre los padres y el bebe es un lenguaje que supone demandas y respuestas. Los cuidados no deben ser excesivos ni insuficientes. No conviene ser padres autoritarios ni tampoco esclavos del bebe. Tu hijo debe aprender a esperar. Aunque al principio parece querer todo “ya”, poco a poco aprenderá a esperar unos minutos, pero sólo será capaz de hacerlo si sabe que puede confiar en ti y en los cuidados que recibe. Cuando lo amamantas se forma un vínculo muy importante para mi bebe y yo , tu bebe mira tu cara, escucha tu voz y se siente acunado, y desde ahí comienza a aprender acerca del mundo que lo rodea. Cuando le hablas y lo mimas, él sabe que es amado, entonces comienza a comprender que puede confiar y depender de ti.
El apego se forma desde antes del nacimiento
El vínculo del apego no se produce en un solo día, sino que se construye y fortalece a lo largo de mucho tiempo. Empieza a formarse cuando los padres planifican tener un hijo o se enteran de que el embarazo se inició. En esta etapa, la mayoría de los padres desarrolla todo tipo de expectativas sobre el bebe que vendrá. Y estas imágenes ceden luego ante la aceptación del bebe que realmente nace. Una de las tareas más importantes que enfrentas como madre es la de reconocer al hijo que tienes, aceptarlo y valorarlo como es.
El apego entre mi bebe y yo es la base para sus relaciones futuras
Una de las propiedades más importantes del ser humano (necesarias para sobrevivir) es su capacidad para formar y mantener relaciones. Y esta capacidad está asociada al funcionamiento del cerebro humano.
Así como el cerebro nos permite ver, oler, gustar, pensar y movernos, también nos permite formar y mantener vínculos y amar. Las bases para esto se instalan durante la infancia y los primeros años de vida.
Las experiencias que tu bebe atraviese en este período de vida de tanta vulnerabilidad, condicionarán en mayor o menor grado su capacidad para formar relaciones íntimas y emocionalmente sanas en el futuro: un apego sano con “ mi bebe y yo ” funda una base sólida para futuras relaciones; un apego problemático establece una base biológica y emocional frágil.
El vínculo se construye
Cada vez que lo tomas en brazos, aunque al principio lo hagas con torpeza, aumentan los sentimientos de afecto entre ustedes dos. Siempre que puedas pon a tu bebe contra tu cuerpo, míralo a los ojos, háblale y cántale suavemente mientras lo acunas.
Él puede detectar tu calida y amorosa presencia, respondiendo con su mirada, sus expresiones faciales, su voz, sus movimientos de piernas y brazos, su prensión manual y cualquier otra forma de contacto entre mi bebe y yo . Este proceso de apego (temprano y cariñoso), gracias al cual padres e hijos permanecen unidos a través del tacto y la mirada, hará que te sientas más cómoda en el cuidado del niño. Y es el primer paso hacia la unión familiar y el normal desarrollo emocional y social de tu hijo.
Háblale mientras lo alimentas, lo bañas, le cambias los pañales y juegas con él. No olvides que se trata de un ajuste mutuo: tú debes aprender cuáles son los ritmos de tu niño (para comer, dormir, jugar, reaccionar) y el niño, por su parte tiene que aprender a manifestar sus necesidades.
Este entendimiento mutuo que se forma con mi bebe y yo , es posible desde muy temprano y de manera instintiva. Evita siempre la práctica de dejar llorar siempre a tu hijo con el objetivo de no consentirlo. Cuando lo escuches llorar sentirás el impulso de tomarlo en brazos para saber qué pasa y poder consolarlo; no dejes de hacerlo.
Los masajes
Al bebe le gustan mucho los masajes, porque además de relajarlo lo vive como expresión de contacto y amor. La duración puede variar en función de la tolerancia o intolerancia expresadas a través de la tranquilidad o el llanto. No sientas obligación de realizar masajes a tu bebe, pero ten presente que son caricias que puedes darle en distintos momentos:
A la hora de dar un masaje a tu bebe debes estar tranquila. No olvides que la propiedad relajante del masaje es también para quien lo da.
Asegúrate de que el lugar físico esté templado.
Acuesta a tu bebe sobre una manta o sobre una toalla.
Pon música suave. Háblale o cántale con dulzura.
Trabaja sobre todo su cuerpito masajeando ambos lados con movimientos parejos y simultáneos, manteniendo tu cara próxima a la de tu bebe y mirándolo a los ojos.
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