Las cuerdas tienen un sentido simbólico de poder porque “atan”, y nuestros adeptos se ven “atados” por el sigilo. Al iniciarse el nuevo miembro del “coven” permanece sujeto con unas ligaduras hasta que presta juramento de alianza a la Vieja Religión. Este es el momento en que una persona, que ha sido miembro de otra religión, tiene que decidirse. Si no hay nada en contra, se entiende que para las hechiceras a partir de este instante la brujeria es la única religión del iniciado. Esto no quiere decir que los miembros queden inhabilitados para entrar en la Iglesia , pero son pocos los brujos iniciados que sienten inclinación por las ceremonias eclesiásticas que son diferentes, como también sus disfraces. Si lo hacen es como una atención hacia los amigos. En otros tiempos, cuando una familia albergaba en su casa a un huésped, era costumbre que éste asistiera con ella a los oficios cristianos. Hoy día hay más libertad de opción. Personalmente, no tengo inconveniente en visitar una iglesia con unos amigos, pero no quiero dar la impresión de que yo mismo participo en los ritos. Allí no soy más que un observador.
Una de las cosas que me causa más extrañeza es el número de brujas, que habiendo ingresado en la brujeria, acuden a la iglesia para casarse, algo que nunca he podido concebir. Con el matrimonio civil ya están cumplidos los requisitos legales, y aunque la brujeria no tiene una “ceremonia nupcial”, no hay nada que prive a un miembro del derecho a casarse comunicándose con la naturaleza y sustituyendo el sacramento por un rato de tranquila meditación. La bruja que realmente lo es, no adquiere ningún compromiso con otra religión, cualesquiera que sean las circunstancias. Si ha encontrado lo que buscaba, no habrá ningún conflicto ni tendrá que retractarse del juramento de alianza que formuló. La brujeria saciará por completo sus necesidades espirituales y físicas.
La iniciación de una bruja
Se ha escrito mucho acerca del trazado del círculo donde se reúnen las mismas al ser iniciadas. El círculo trabaja como un cinturón protector para quienes lo habitan, para quienes quieran ejecutar su ceremonia sin ser molestadas por influencias extrañas. Ha de medir nueve pies o 2,74 metros de diámetro, espacio suficiente para que dentro de el puedan practicar sus ritos 13 personas.
El círculo mágico se traza en dirección contraria a las manecillas del reloj. Después se procede a la consagración del agua, lo cual se hace mojando en ella el “athalme”, con cuidado de no mojar los disfraces de bruja, y diciendo:
“¡Yo te exorcizo, oh criatura del agua!, para que alejes de ti todas las impurezas y residuos del mundo material. Yo exorcizo este agua en nombre de la Madre Diosa Diana, y del Padre Dios Fauno.”
Después se consagra la sal tocándola con el “athalme” y diciendo el iniciado:
“La bendición descienda sobre esta sal, de forma que todas las malas influencias queden eliminadas. Que estén aquí todas las cosas buenas. Yo te bendigo para que puedas ayudarme. En el nombre de la Diosa Madre Diana y del Dios Padre Fauno, yo consagro esta sal.”
Agua y sal son esparcidas alrededor del círculo siguiendo la misma dirección, es decir, se hacen en dirección contraria a las manecillas del reloj para iniciarlas. Lo que pueda quedar se conserva en los vasos. El círculo es conjurado a transformarse en un círculo de poder, con estas palabras:
¡Yo te conjuro, oh círculo de poder!, para que te conviertas en límite entre el mundo de los hombres y el reino de los poderosos espíritus. Yo invoco a los cuatro guardianes del Este, Sur, Oeste y Norte para que ayuden en esta protección. Así consagro este círculo de poder.”
Acto seguido, se llama a los guardianes del Este, Sur, Oeste y Norte, con palabras apropiadas; se recorta en el aire el pentáculo y se alza al cielo la mano que empuña el “athalme”.
Con esto, el círculo ya está preparado para el rito mágico que ha de efectuarse en su interior. Saben las brujas exactamente la invocación a pronunciar para cualquier cosa que se pida. Hay que decirlo todo perfectamente y exponer la razón por la que invocamos, en su lenguaje, claro, sin ofrecer nada a cambio. Sería muy raro que una petición así formulada se quedara sin efecto, pues las vibraciones salen sin obstáculo por las ondas del éter y son captadas en lo alto por la mente universal. Si el aspirante tartamudea o habla con lengua torpe, decrece o incluso se destruye la calidad de las vibraciones.
Cuantas cosas sean introducidas en el círculo, como las velas, palmatorias, disfraces de bruja y mago deben ser consagradas sin precipitaciones, con toda calma. Cualquiera que sea la petición o causa que motive el ritual, dentro del círculo conviene actuar sin nerviosismo y sin prisas cuando hay algo que consagrar.
Terminada la ceremonia, debe cerrarse el círculo con la misma solemnidad. Se da las gracias a los espíritus invocados y a los cuatro guardianes. Para romper el círculo se emplea el “athalme”; si se hace desde fuera resulta más fácil, desde luego, pero el athalme debe marcar ligeramente la estera sobre la cual se ha trazado el círculo, sin estropearla. Se apagan las velas con el soplo y se retiran los objetos rituales. La sal que queda ha de añadirse al agua sobrante, y todo junto es reintegrado a la tierra, en un rincón del jardín que no sea muy frecuentado.
Debe apuntarse todo cuanto se ha hecho dentro del círculo, siendo aconsejable para ello la escritura tebana, especie de taquigrafía. De esta manera, vuestras palabras quedarán a cubierto de miradas curiosas. Antes de morir conviene que destruyas todos esos escritos, a menos que, por razones hereditarias, desees cederlos a una persona que quiera seguir la tradición y te conste que es digna de confianza.
En ese caso, vuestros propios escritos podrán acrecentar la experiencia de las recipiendarias. La alta sacerdotisa o el sumo sacerdote guardarán una copia del Libro de las Sombras, entendiéndose que lo tienen en depósito, no como posesión personal. De hacerse así lo más probable es que quede vinculado a una familia por ley de sucesión.
La destrucción de objetos y escritos personales explica que sean tan escasos los documentos antiguos de esta religión llegados a nuestras manos. La persona no iniciada que ve estos escritos, después de haber muerto su autor, los tira sin dar importancia a esos signos ininteligibles, obra tal vez de una mente excéntrica. Creo que esto ha pasado con frecuencia, pues, excepción hecha de algunos grimorios, son pocos los escritos personales de brujas que quedan del pasado.
Pensando en el futuro, a mí en lo personal me gustaría mucho que las brujas verdaderas dejaran cosas escritas de sus experiencias. Aunque no las publiquemos nos enriquecería más a todos. |