Los teatros siguieron los modelos griegos descubiertos y solían tener capacidad para 4 mil espectadores.
Los anfiteatros, construcciones genuinamente del arte romano, eran de forma ovales parecidos a las actuales plazas de toros. El más famoso es el Coliseo, en Roma, con capacidad para 80 mil espectadores, destinado a luchas de fieras, combates de gladiadores y simulacros de combates navales, ya que su pista podía inundarse.
Los circos estaban dedicados a carreras de carros. Su forma era rectangular con los extremos curvos. El circo Máximo de Roma tenía 600 mts. de largo y capacidad para más de 200 mil personas.
Los arcos de triunfo se construían en honor de emperadores o generales victoriosos. Poseían una o tres puertas adornadas con columnas y relieves alusivos al hecho que conmemoraban.
Los acueductos, una más de las obras monumentales del arte romano, eran largas cañerías que llevaban el agua desde ríos o lagos hasta las zonas pobladas. Podían hacerse de plomo pero eran generalmente eran de piedra. Muchas veces debían tenderse sobre arcos o puentes y tenían varios kilómetros de extensión. Roma contaba con once acueductos.
La escultura y la pintura
La escultura romana reprodujo en general las tendencias de los modelos griegos, pero renunció a la desnudez y cubrió a sus personajes con el atavío típico del civil o del militar. Se destacó especialmente en la elaboración de bustos que no sólo reproducían los físicos del personaje sino, también, los elementos predominantes de su carácter.
El arte romano, la pintura y los mosaicos sobre muros tuvieron mucha aceptación en la Época Imperial. A pesar de que la mayor parte de su producción se ha perdido, quedan muestras muy importantes de ella en Pompeya, una ciudad próxima al Vesubio, que en el año 79 fue cubierta por capas de ceniza y lava del volcán. Hoy en día se la ha desenterrado y se puede recorrer sus calles, ver sus casas y mil objetos propios del arte romano del siglo 1 después de Cristo.
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