El espacio gotico es luminoso, colorido y grandioso, a diferencia del misterio y la penumbra románica. El arte gotico utilizó el arco ojival, la bóveda de crucería y los arbotantes que permitieron paredes altas, mayor espacio interior y grandes ventanas (vitrales).
La iglesia del arte gotico mantiene la planta en forma de cruz latina pero con novedades. Se agregan pequeñas capillas donde se veneraban santos. La nave atravesada es destacada en el exterior por portales laterales monumentales. Las naves son mejor iluminadas por la gran cantidad
de vitrales. Cuenta al frente con dos torres campanarios.
La escultura y el vitral
La mirada que el hombre medieval dirige al mundo exterior, lo lleva a reproducir en escultura la vida que lo rodea, relatándola con gran espiritualidad y naturalidad. La escultura se hace más humana; se alarga y afina.
Las esculturas del tiempo del arte gotico sirven para decorar el exterior de la catedral, formando verdaderos encajes de piedra. Sin embargo, en el interior reina el vitral.
El vitral reemplaza al fresco creando en el interior una luminosidad que contribuye a aligerar y transformar la atmósfera interna. Los vitrales son trozos de vidrios coloridos unidos por plomo y montados sobre una estructura de piedra, que forma la ventana.
El color se obtenía mezclando a la pasta caliente de vidrio sustancias químicas. Luego se soplaba para darle forma; sus impurezas y burbujas permitían juegos de luz que actúa como un prisma descomponiéndola y convirtiendo a la catedral en una gran joya con piedra preciosa.
Durante la construcción de los vitrales de una catedral en la época del arte gotico, demoraban aproximadamente unos cuarenta años.