Historias de Fantasmas

El caso Oakland (junio 1964)

Sean cuales fueren las diferencias de opinión que puedan existir en torno a las historias de fantasmas y a los poltergeist, todo el mundo debe mostrarse de poltergeist no se producen a conveniencia del investigador científico. Empiezan inesperadamente, siguen un curso impredecible, complicando las vidas de las personas que se ven afectadas por los hechos, y desaparecen casi del mismo modo repentino. En esas circunstancias, es una cuestión accidental el que alguien relacionado con el caso pueda observar competentemente y anotar o relatar exactamente los hechos. Solamente si se hace esto, el incidente puede adquirir un posible valor científico. Adquiera su Manual de Hechizos Vudu AQUÍ


 

Canalizadas atravéz de ciertas perturbaciones producidas en el despacho de un cronista de Tribunales, en Oakland lugar donde se comenta de la existencia de varios pueblos fantasmas, en junio del año 1964, la persona que cumplió de modo principal el papel de observador y cronista fue Mr. James Hazelwood, periodista de la redacción del Oakland Tribune. Un par de años más tarde, hablando de su experiencia en ese caso, informó del hecho como un completo escéptico. Sin embargo, los detalles que había averiguado por medio de las personas involucradas en estas historias y sus propias observaciones le convencieron completamente de que este caso de poltergeist era auténtico y de que los hechos planteaban cuestiones con las que los sabios, en general, tienen que enfrentarse todavía de un modo franco y exento de prejuicios.

Historias de Fantasmas

Desgraciadamente, este caso no ha recibido todavía un estudio cuidadoso y con información completa dentro de las revistas científicas especializadas. Además del relato detallado de la noticia por Hazelwood, el doctor Arthur Hastings, que pertenece a la Facultad de la Universidad de Stanford y que anteriormente colaboró con un colega en la publicación de otro caso de poltergeist, entrevistó a los testigos de este de tantos pueblos fantasmas y recogió en el mismo lugar de los hechos. Como sucedió con Owen en su trabajo sobre el caso Sauchie, Hastings quedó convencido personalmente de que en el caso Oakland se habían acumulado muchos acontecimientos de los que no había una posible explicación normal. ¿Qué había sucedido que le impresionó en esa medida? Repetidamente los muelles que accionaban las teclas de las máquinas de escribir eléctricas quedaban flojos. Al abrirse las máquinas para ajustarías se encontraban los muelles estirados hasta el punto de que eran inútiles. El mecánico dijo que los muelles normalmente duran toda la vida de la máquina y que en muy pocas ocasiones hay que cambiar uno de ellos. Era un caso sin precedentes de los pueblos fantasmas que todos los muelles de las máquinas del mismo despacho se estropearan, de un modo inexplicable, y tuvieran que ser sustituidos... para quedar de nuevo estirados al poco tiempo.

La línea de botones, en la base de los teléfonos, se encendía rápidamente, una y otra vez, pese a que los teléfonos no se utilizaban. Por otro lado, con frecuencia los ocho teléfonos de la oficina resbalaban de las mesas y caían al suelo, sin que hubiera nadie cerca. Un colador de café, las tazas utilizadas para éste, ceniceros, un jarrón y otros objetos que constituían elementos corrientes en el despacho caían, estallaban o al parecer eran lanzados por el aire y se rompían sin advertirse el motivo causante de estos hechos.

Durante un período de observación de una hora, el periodista Hazelwood escribió una lista de los fenómenos que se produjeron mientras se hallaba presente, anotando el momento exacto de cada uno para poder así desentrañar una de las tantas historias. Esta lista incluía nueve hechos distintos, espaciados en un período de sesenta minutos. Entre ellos figuraba el misterioso movimiento de un pedal de dictáfono, guardado en un armario. Fue a chocar con un mostrador situado a cierta distancia, al otro lado de la habitación, y cayó al suelo, mientras la única persona que se encontraba presente hablaba por teléfono, dando la espalda al armario. Las bombillas de un aparato situado en la escalera se desenroscaban, caían y se rompían, pese a que todas las pruebas indicaban que no había nadie en la escalera. Se oyó un fuerte ruido en una habitación vacía, donde se encontraba el depósito de agua potable y el recipiente de los vasos de papel fue encontrado arrancado de la pared y caído en el suelo con los vasos esparcidos en derredor. La tapa de metal de una máquina de escribir, sin que se supiera cómo, fue lanzada por una ventana y cayó a la calle, evidentemente este es otro de los tantos pueblos fantasmas. Una lata de café de un kilo se movió de su lugar habitual en un armario y cayó al suelo, a unos tres metros de distancia.

La pista de los diversos incidentes, que se advirtió conforme el caso fue desarrollándose, apuntaba a un miembro joven del personal que se había casado recientemente, Mr. John Orfanides, como presunto responsable de los hechos. La policía se llevó al joven a sus oficinas y le presionó para que confesara. Finalmente hizo una confesión, aunque había pedido permiso, sin éxito, para hablar antes con Hazelwood. Afirmó que él arrojaba todas las cosas, y la policía se conformó con unir su declaración al expediente y considerar cerrado aquel embarazoso caso.

Sucedió que el periodista se encontraba fuera de la ciudad el día en que la policía obtuvo su “confesión”. Cuando Hazelwood volvió, se puso inmediatamente en contacto con el joven y le preguntó por qué había hecho tal declaración. La respuesta fue que la policía seguía insistiendo una y otra vez y que lo hizo porque creía que era el único medio de que le dejaran en paz.

No presentamos aquí este caso como una clara prueba de un auténtico fenómeno de poltergeist. Más bien lo incluimos porque ilustra algunas de las dificultades con que tropieza el estudio de estos fenómenos y algunos de los aspectos por los que las pruebas pueden no ser plenamente satisfactorias, pese a que tal vez el caso sea auténtico. Por competentes que fueran el periodista y otros observadores en la descripción de lo sucedido, sus relatos, tal como han sido recogidos, omiten detalles esenciales en cuestiones de importancia crucial para llegar a un juicio científico. Los fenómenos en este caso eran, en su aspecto principal, los más típicos en un hecho de poltergeist. Las perturbaciones que sucedían en Oakland y sus pueblos fantasmas no se producían bajo la observación visual directa. Los acontecimientos ocurrían a espaldas de la única persona que se encontraba en la habitación, o en la habitación vacía junto al depósito de agua, o en el hueco de una escalera vacía... El hecho de que sea ésta la situación típica, en lo que se refiere a casos de poltergeist, es uno de los aspectos más decepcionantes de estos fenómenos.

Los efectos acusados en los muelles de las máquinas de escribir superan grandemente, por su dificultad inherente, a los otros hechos que ocurrían cuando nadie observaba. Aceptando la destrucción de los muelles como ha sido descrita, no hay un medio fácilmente concebible para que se produjera normalmente ni como fraude..., a menos que la mayor parte del personal del despacho se hubiera confabulado para hacerlo. Las circunstancias son tales que nos vemos impulsados a preguntarnos qué causó los hechos, y ésa es la actitud que nos lleva a nuevas investigaciones por lo que nunca hay que dejar de darle importancia por tontas que parezcan.

Otras historias de pueblos fantasmas

El caso Miami (enero 1967)

Tal vez la dificultad más frecuente con que tropiezan los investigadores científicos de los fenómenos poltergeist y de las historias de fantasmas es que se enteran de los casos demasiado tarde. Por regla general, para cuando llega a sus oídos la aparición de perturbaciones, el fenómeno ha pasado ya por su fase más activa y, o bien se ha hecho más débil o, con menos frecuencia, ha desaparecido enteramente. El trabajo principal del investigador consiste por lo tanto en tratar de establecer del modo más seguro posible lo que ha sucedido. Esto sólo puede hacerse mediante entrevistas o leyendo las notas de los testigos que estaban presentes en el momento, y pocas veces sucede que se encuentren observadores calificados para esta labor en los pueblos fantasmas donde se llevan a cabo las investigaciones.

Las dificultades de contar con un adecuado “sistema de aviso” para nuevos casos, se reducirán en el futuro conforme la información al público sobre sucesos de poltergeist y el interés científico por su estudio se difundan más. El caso de Miami otra ciudad colmadad de pueblos fantasmas es un buen ejemplo del papel que un ciudadano inteligente y despierto puede desempeñar a este respecto.

 

Historias de FantasmasHacia mediados de enero de 1967, los dos socios de un negocio de venta al por mayor de recuerdos para turistas advirtieron un notable aumento en las pérdidas por roturas. Los daños parecían estar relacionados con un refugiado cubano de 19 años, Julio Vázquez, quien, juntamente con otro miembro del personal, estaba encargado de sacar los objetos de las cajas conforme se recibían y colocarlos en estantes. Tomaban también objetos de los estantes para cumplir los pedidos que llegaban.

Uno de los socios se paseaba en una ocasión por la sala de envíos en la que Julio se dedicaba a colocar jarras de cerveza en un estante. Una de las jarras cayó al suelo y se rompió. El socio se volvió y dijo que la mercancía debía tratarse con mayor cuidado y sugirió que las jarras debían colocarse bien al fondo del estante, con las asas lejos del pasillo. El socio tomó una jarra de la caja y la colocó sobre el estante para demostrar exactamente lo que quería decir. Al volverse para alejarse, la jarra que acababa de colocar en el estante cayó de su sitio y se estrelló en el suelo. Julio estaba en pie, inmóvil, y el socio quedó convencido de que el joven no había hecho que la jarra cayera de un modo ordinario.

Después de este incidente, los acontecimientos inexplicables de pueblos fantasmas y las historias de fantasmas aumentaron durante los días siguientes en variedad, fuerza y frecuencia hasta convertirse en una auténtica pesadilla. Una de las empleadas del establecimiento había oído hablar de los fenómenos de poltergeist y reconoció los hechos como posiblemente pertenecientes a esa categoría. En un principio, los socios dieron instrucciones de que nadie debía hablar del problema fuera del establecimiento, por temor a que cualquier noticia sobre lo que sucedía en el lugar pudiera perjudicar al negocio. Pero el problema aumentó hasta escapar a todo control.

Poco después, la empleada que conocía el interés científico de los poltergeist oyó a una escritora de Míami, Susy Smith, entrevistada en una emisora local de radio por su interés en la Parapsicología. La empleada obtuvo permiso de los socios para llamar a la emisora e informar a la escritora de lo que estaba sucediendo en su establecimiento.

Susy Smith siguió sus indicaciones y visitó el local donde se decían ocurrir, donde descubrió que la sección de envíos del almacén de recuerdos se había convertido en escenario de una serie de fenómenos auténticos de poltergeist. A su vez, se puso en contacto con un científico interesado en la investigación de los pueblos fantasmas y hechos de este tipo, W. G. Roll, director de proyectos de la Fundación de Investigación Psíquica. Esta fundación es una organización independiente, con sede en Durham (Carolina del Norte) dedicada al estudio de fenómenos parapsicológicos en torno a ciertos aspectos de la personalidad que sobreviven a la muerte. La investigación de los fenómenos de poltergeist era por tanto una de las actividades que Roll había decidido subrayar.

Como hemos dicho anteriormente, Roll trabajó en 1958, en el estudio del caso Seaford además de otras. Cuando tenía a los empleados sometidos a la investigación más severa posible, se produjeron unas quince roturas de objetos de las que no podía encontrar una explicación normal. Estaba también interesado en obtener el mejor relato posible de lo que había sucedido exactamente antes su llegada. Posteriormente, Roll ha seguido el caso realizando un análisis físico detenido de las pautas o regularidades mostradas por los acontecimientos y buscando ayuda profesional para hacer un intenso examen psicológico y médico de Julio. Hemos publicado un informe que ofrece un relato detallado de lo que sucedió, examinando la posibilidad de una explicación normal. Roll ha completado más análisis detallados sobre los aspectos físicos y psicológicos del caso.

Los disturbios en el caso de Miami ciudad que como dijimos anteriormente se encuentra llena de pueblos fantasmas ,resultaron ser hechos típicos de poltergeist con un aspecto que ha complicado los esfuerzos para la investigación adecuada de los sucesos. Sucedían constantemente en lugares de la nave de envíos, hacia los que nadie miraba en el momento preciso en que se producía la caída. Este rasgo del caso se había hecho ya patente en los acontecimientos que tuvieron lugar antes de que los investigadores llegaran a la escena. Muy pronto se había advertido que los objetos tendían a caerse de lugares determinados, en los numerosos estantes que llenaban gran parte de la sala. Cuando el equipo de televisión de una emisora local introdujo su material para fotografiar el poltergeist, enfocaron como es lógico su cámara a uno de esos lugares favoritos. Pero durante un par de horas de espera no sucedió nada. Entretanto, continuaron los hechos durante ese período, en otros lugares de la sala en los que no estaban fijos ni la lente de la cámara ni los ojos humanos.

Los investigadores tenían otras observaciones semejantes, que no era probable observar cómo los objetos empezaban a moverse en los estantes ante sus ojos. Por lo tanto, se adaptaron a la naturaleza escurridiza de los hechos y de este pueblos fantasmas lo mejor que pudieron. Procuraron pasear de un lado a otro con bastante frecuencia, examinando los estantes y viendo si los objetos estaban colocados en ellos de un modo normal. Cuando no se movían, cada investigador ocupaba un punto ventajoso desde el cual podía observar las acciones de los miembros del personal que trabajaba en la zona. Los puntos de observación fueron elegidos de forma que permitiesen la máxima visión de toda la nave. La construcción de los estantes con una estructura muy simple y la colocación de la mercancía en ellos eran tales que permitían una óptima visión. En otras palabras, podían ver los cuerpos y especialmente parte de los brazos y las manos del personal, aunque la mayor parte del tiempo las personas observadas no podían saber si eran sometidas a vigilancia. En diversos momentos, uno de los investigadores sustituía un objeto que se había movido misteriosamente del estante con otro del mismo tipo, como pueden apreciar es impresionante el esfuerzo y la paciencia que se debe tener. Se había hecho patente que, fuera cual fuese la fuerza que desplazaba los objetos, preferían actuar sobre ellos en unos puntos seleccionados, y aprovecharon este hecho para colocar sus propios objetos, tratando de conseguir que estos provocasen posteriores incidentes.

Por lo menos, de este modo, podían afirmar que habían examinado determinados objetos pocos minutos antes de que se movieran. En ningún momento vieron nada semejante a una cuerda, muelle u otro dispositivo parecido que hubiera podido prepararse fraudulentamente para causar el movimiento, y estaban constantemente al acecho de un posible truco pero estaban de hecho en uno de los pueblos fantasmas.

En diversas historias de fantasmas y casos las perturbaciones tuvieron lugar cuando uno de ellos, o los dos, estaban observando a los dos miembros del personal que se hallaban en la habitación. En unas pocas ocasiones se hallaban de pie hablando con Julio, y el otro empleado de la sala de envíos se hallaba en un extremo de la habitación, lejos de los estantes, preparando un pedido. En más de una ocasión un objeto cayó del estante y se rompió detrás de Julio mientras hablaban con él y le observaban. El hecho sucedía en una parte de la sala en la que no había nadie presente y hacia la cual estaban vueltos los observadores... pero sin que realmente lograran ver moverse el objeto.

Como ya se ha dicho, las acciones eran típicas de un burlón poltergeist porque parecían ocultarse deliberadamente de sus vistas. Si bien nadie sería capaz de afirmar que acontecimientos como los de este caso proporcionarían evidencia científica ideal de que los objetos se movían de un modo inexplicable por las leyes conocidas de la física, nadie puede tampoco decir justificadamente que los hechos no merecen mayor reflexión. Los investigadores, tenían confianza en lo que se refiere al cuidado con que ejercían la vigilancia y, por lo tanto, compartían la opinión de que los descubrimientos contribuían apreciablemente a las pruebas de que los fenómenos de poltergeist presentan un auténtico desafío a la ciencia. Después del caso Miami, no se dudar ya de la autenticidad del fenómeno de poltergeis y de los pueblos fantasmas, pero la investigación busca comprensión.

El caso Rosenheim (noviembre a diciembre de 1967)

Este caso sucedió en uno de los pueblos fantasmas, la ciudad bávara de Rosenheim, a finales de 1967, y se centró en las historias de espíritus que ocurrían en un despacho de abogados. Las luces de neón se apagaban repentinamente y se descubrió que los tubos habían girado unos noventa grados en sus casquillos. Los interruptores del circuito automático, en la caja de fusibles, cortaban la corriente repetidamente. Se advirtieron dificultades en los teléfonos de la oficina, produciéndose interrupciones en las llamadas y el equipo automático registraba repetidos cargos de conferencias de larga distancia que realmente no se habían hecho. Se advirtieron también, en el despacho, otros efectos inexplicables que no eran de tipo eléctrico.

Además de apagarse las luces, algunas veces los tubos de neón se caían al suelo o estallaban.

Como medida de seguridad fueron sustituidos por bombillas de tipo antiguo. Se observó el balanceo exagerado de los aparatos de luz colgados de un techo alto, pero los intentos para hacer que oscilaran las lámparas, saltando o golpeando en el suelo, no producían idénticos movimientos.

Los fallos en el equipo telefónico y eléctrico, inevitablemente, hicieron que se llamara a los servicios de reparación de las compañías correspondientes, para que comprobaran las instalaciones. Los representantes de la Compañía Telefónica sospechaban que alguien marcaba deliberadamente los números, pero las personas que se encontraban en el despacho estaban seguras de que las llamadas telefónicas falsas se producían cuando no había nadie cerca de los instrumentos.

La compañía eléctrica como tantas otras de los pueblos fantasmas adoptó una decisión más tajante para realizar una prueba objetiva. Instaló su propio equipo para comprobar la energía que entraba por la línea en el despacho. Fue instalado un registro Siemens Unireg 1, combinado con un amplificador de voltaje que funcionaba continuamente haciendo un gráfico de la energía dentro del circuito eléctrico. El instrumento mostraba lo que parecían fuertes impulsos de energía, que coincidían con las alteraciones de las luces en el despacho. Pese a que se instaló una nueva línea directa, los efectos continuaron. La máquina registró incluso las mismas fuertes fluctuaciones mientras estaba conectada solamente a una batería de voltio y medio. Sin embargo, los gráficos mostraban que no sucedía nada fuera de las horas de trabajo en el despacho. Incrédulos sobre estas historias sellaron completamente el instrumento de prueba, para que nadie pudiera manipular con sus elementos, pero los efectos continuaron. Las alteraciones se producían durante las horas de trabajo, y solamente mientras se hallaban presentes dos mujeres jóvenes que trabajaban allí.

Los disturbios finalmente se centraron en torno a una de las muchachas, Annemarie S., de diecinueve años. La estrecha relación entre las perturbaciones y esta joven se vio claramente al observarse que, cuando caminaba a lo largo del vestíbulo, era acompañada por los efectos en las luces y la oscilación de los aparatos suspendidos del techo.

El profesor Hans Bender, de a Universidad de Friburgo, y algunos miembros de su Instituto interesados especialmente por las investigaciones parapsicológicas, visitaron el escenario de los hechos, los pueblos fantasmas. Reconocieron rápidamente que los acontecimientos encajaban en la pauta de un caso típico de poltergeist; especialmente el hecho de que los efectos tuvieran lugar solamente cuando Annemarie estaba en la oficina, sugería que la dificultad no era un fallo físico de la línea eléctrica, sino que requería una explicación parapsicológica. Se pensó que la joven Annemarie influía directamente, de algún modo, en el instrumento utilizado para comprobar la corriente eléctrica, del mismo modo que parecía afectar al equipo telefónico automático, hacer que las lámparas se balancearan y ocasionar los restantes incidentes. Los investigadores llamaron al Dr. F. Karger, del Instituto de física del plasma Max Planck, para que enjuiciara los hechos.

Karger llevó consigo a un colega, el Dr. G. Zicha, del departamento de física de la Escuela Técnica Superior de Munich. Los dos científicos participaron en la presentación y examen, durante la Convención de la Asociación Parapsicológica , reunida en Friburgo en 1968. Expresaron sin reserva que habían observado fuerzas que podían ser medidas por métodos ahora a disposición de la ciencia, pero que desafiaban toda explicación de acuerdo con la física teórica actual. Hasta ahora, dijeron, los físicos habían supuesto que no se necesitaba ninguna nueva forma básica de energía para explicar lo que sucede en los organismos vivos. Pero los hechos de este caso ponen en tela de juicio esa suposición. Sugirieron, por lo tanto, que la física quizá tenga que reconocer un nuevo tipo de intercambio de energía, debido a los fenómenos que se observan en los casos de poltergeist y pueblos fantasmas. Nuevos estudios, siguiendo estas líneas añadieron, contribuirán a nuestro mejor conocimiento del hombre.

 

 

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