Los Espiritus

Apariciones reales

Comenzaremos definiendo que son los espiritus y sus apariciones. Lo entendemos por aparición espectral, que es la presencia súbita de un espectro, un fantasma, la figura visible o la visión luminosa de una persona que está muerta, o sea, la posible materialización de un espíritu, pero de forma espontánea e inesperada, bajo su antigua figura o de cualquier otra forma. Por tanto, no incluimos en este estudio las posibles materializaciones que puedan hacerse en sesiones espiritistas reales, ya que las mismas se prestan a muchos fraudes. Creemos más interesante tratar única y exclusivamente de la investigación y naturaleza de los fantasmas, de los espectros que puedan mostrarse repentinamente ante cualquier persona, puesto que ésta al menos tiene la seguridad de que el fenómeno se ha producido realmente, ya sea una alucinación o un verdadero espectro. Adquiera su Manual de Hechizos Vudu AQUÍ




Los Espiritus

 

 

Después de la clasificación y estudio de centenares de casos, se ha podido establecer como pura leyenda de fantasmas reales que se aparezcan sólo de noche. Las apariciones verdaderas suceden tanto de día como de noche, en cualquier lugar y hora, tanto durante el sueño como estando en vigilia, y se distinguen esencialmente de las comunicaciones espiritistas y de las vocaciones nigrománticas.

Es indudable que si se admite la posibilidad de la aparición de fantasmas se ha de creer en alguna clase de supervivencia después de la muerte que tales espectros son producto de la fantasía de quien los ve, alucinaciones de su vista o mente. Los parapsicólogos se hallan muy divididos al respecto, según postulen en una escuela espiritualista o en una positivista. A la vista de los casos que hemos seleccionado, de las diversas hipótesis que hemos estudiado y de los varios investigadores que hemos escuchado, nos inclinamos a admitir que existen varios mecanismos paranormales o procedimientos desconocidos que dan lugar a dichas materializaciones, que van desde las alucinaciones hasta la aparición de verdaderos fantasmas, se traten o no de los fantasmas que estén viviendo en otro mundo, plano o dimensión. Sobre este punto hemos de aclarar que una aparición comprobada no demuestra la existencia de espiritus reales que van y vienen de un mundo a otro, sino que los espectros pueden consistir en una forma de energía desprendida del cuerpo fallecido que se materializa o hace visible en determinadas circunstancias. Hay que distinguir, asimismo, entre los muertos que se aparecen en estado de vigilia y los que lo hacen durante el sueño. Este último caso es el más corriente, pero siguen ignorándose los canales extrasensoriales que los espectros o, en su defecto, las energías desencarnadas, utilizan para manifestarse o entrar en contacto con sus familiares, amigos, enemigos u otras personas determinadas. A la Parapsicología le queda aún un largo camino que recorrer antes de encontrar una explicación satisfactoria de tales fenómenos prenaturales.

Los espiritus reales en la historia

El vocablo español fantasma deriva del latín phantasma, “ser imaginario”, “espectro”, “representación por la imagen”, que a su vez viene del griego phantasma, “visión”, “visión quimérica”. En una de sus acepciones en castellano fantasma significa la aparición de personas vivas o muertas en un lugar donde se sabe que no está su cuerpo. En este trabajo nos interesamos y hemos investigado, excesivamente, de los fantasmas o los espiritus reales de los muertos. Con la aparición de fantasmas entendemos toda manifestación de una persona difunta que se percibe con los sentidos externos, la cual se presenta ante los hombres y, a veces, incluso conversa con ellos o transmite mensajes del más allá con relación a sucesos futuros. Si analizamos la historia de los pueblos de la antigüedad y sus creencias, vemos que fue casi universal la convicción de que los dioses se aparecían de cuando en cuando, así como los genios de los difuntos.

Los antiguos filósofos enseñaban que muchas veces se podía conversar con espiritus reales y narraban gran número de apariciones. La misma Iglesia católica decía que las apariciones de tal índole eran permitidas por Dios ya fuera para instruir a los hombres, ya para atraerlos al camino de la virtud o para castigar su impiedad. Como ya sabemos, la Biblia nos habla de la aparición de los muertos en varios pasajes. En el libro primero de Samuel (28, 8-21) se relata la visita del rey Saúl a la pitonisa de Endor para evocar el espíritu del profeta Samuel y preguntarle por su suerte con respecto a la batalla que ha de librar contra los filisteos. Samuel se le aparece y predice su próxima derrota y muerte, vaticinio que se cumple fielmente. En el libro segundo de los Macabeos (15, 11-16), Onías y Jeremías se aparecen en sueños a Judas Macabeo para anunciarle la derrota de Nicanor, el enemigo de los judíos. Y después de la resurrección de Jesucristo, muchas veces se le aparecieron a las gentes de Jerusalén. En pleno esplendor de Roma, ante Nerón se presentó el espectro de su madre, a la que había ordenado dar muerte.




Hay que aclarar que la aparición de Samuel fue un acto de nigromancia, puesto que se trató de una aparición provocada. La nigromancia (del griego nekromanteia; de nekrós, “muerto”, y manteia, “adivinación”) consistía en adivinar el futuro por medio de la evocación de espiritus consultándoles. En el libro XI de la Odisea , por ejemplo, que trata de la Evocación de los muertos, vemos cómo Ulises hace aparecer el espíritu del profeta Tiresias para que le hable del porvenir. También hay ejemplos de nigromancia en los Eddas, libros que datan de los siglos XII y XIII y contienen las leyendas escandinavas.

La fe de los hindúes y de los egipcios en la transmigración de las almas supone que las apariciones de tal género son posibles. La mitología griega más antigua, la de Hornero ( La Ilíada y La Odisea ), hace conducir al alma, después de la muerte, como una sombra, un espectro, un fantasma, a los infiernos, de donde puede ser evocada por procedimientos mágicos. Y Sócrates (470-400 antes de J. C.), en el Fe don de Platón (429-347 antes de J. C.), nos habla de las almas de los hombres demasiado sensuales, que al separarse del cuerpo llevaban demasiados elementos materiales y volvían siempre a los lugares en que habían vivido, vagando por las cercanías de los sepulcros y apareciéndose a los hombres, a modo de castigo por haber descuidado perfeccionar los fantasmas morales.

Los EspiritusLos romanos, sobre todo los del Imperio, también creyeron en los aparecidos. En su opinión eran, principalmente, almas de personas asesinadas, que volvían para llevar la inquietud y el terror a la casa en que se había cometido el crimen. Su historia habla también de espiritus reales que predicen las desgracias futuras. La tradición nos dice que Marco Junio Bruto (85-42 antes de J. C.), uno de los asesinos de Julio César, fue atormentado por siniestras visiones que se le aparecían en sueños y que la víspera de su derrota o muerte se le apareció un espectro que le dijo: “¡Volverás a verme en los campos de Filipos!”, lugar en que se quitó la vida.

Para los germanos, los espiritus imperfectos, o que no habían conseguido el reposo eterno, se cernían entre el cielo y la tierra, como sombras o fantasmas que se aparecían de noche, asustando a los seres humanos y adoptando las más siniestras formas.

Los antiguos doctores de la Iglesia no pusieron en duda las apariciones, evocados por los paganos, pero les atribuían un carácter diabólico, como por ejemplo Tertuliano, San Jerónimo y el seudo Justino, hablando de la visita de Saúl a la pitonisa de Endor, la explican diciendo que no fue el alma de Samuel la que se apareció, sino una imagen engañosa que tomó su figura y obedeció a diabólicas maniobras.

Modernamente hay que citar las apariciones de un extraño fantasma que se pasea por los corredores de la capilla de San Bernabé, en la cumbre más alta del Puy de Dóme francés. El historiador inglés Basil Davies lo ha identificado como Santo Thomas Becket, el arzobispo de Canterbury que fue asesinado en su catedral el 29 de diciembre de 1170 por orden de Enrique II de Inglaterra.

La Iglesia , en los procesos de canonización de los santos, examina cuidadosamente las supuestas apariciones permite después las divulgaciones de tales hechos, pero sin imponer la obligación de creer en ellos.

Las apariciones de santas figuras y, de seres demoníacos se hicieron tan frecuentes en la Edad Media y el Renacimiento que los teólogos tuvieron que denunciar lo que en ellas había de falso e incluso diabólico. Disposiciones detalladas fueron promulgadas al efecto por el cardenal Lambertini, que más tarde fue el papa Benedicto XIV (1675-1758), en el capítulo XLIX del tercer libro de Servorum Dei beatificaciones, para las ocasiones en que son alegadas apariciones en los procesos de beatificación. Y los canonistas no aceptan sino raramente el testimonio de menores, de mujeres y de todas aquellas personas que puedan resultar sospechosas de su buena fe o veracidad.

 

 

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