Avistamientos de Ovnis

Familia Moreno de Argentina, 7 de octubre de 1963

Pese al escepticismo de mucha gente acerca de la existencia y las observaciones de OVNIS, algunos relatos son tan vivos y detallados que merecen ser tomados en serio. En el caso de los Moreno, hay elementos que requieren necesariamente una explicación, en particular el período de tiempo durante el cual los miembros de la familia pudieron observar los objetos que habían “invadido” la estancia, y la detallada descripción que hicieron de los mismos.

Avistamientos de Ovnis

 
 
 

Eran figuras humanoides

A las 7 de la tarde del 21 de octubre de 1963, el generador de electricidad de la familia de los Moreno en la estancia Santa Teresa, situada a unos 3 Km. del pueblo de Trancas, en la provincia de Tucumán (Argentina), se averió. Como no había luz, la familia se acostó temprano, a eso de las 8, pero Yolié de Valle Moreno (se cita su apellido de soltera a solicitud de la interesada), de veintiún años, permaneció despierta para dar de comer a su bebé.

De pronto, la criada, Dora Martina Guzmán, de quince años, llamó a la puerta de la habitación de Yolié gritando que estaba asustada. Yolié pensó que sería a causa de lo solitario del lugar y no le dio importancia. Pero un momento después la muchacha volvió a llamar alarmada para comunicarle que fuera de la casa había unas luces extrañas y muy brillantes para las que no encontraba explicación y sin lugar a dudas creía estar frente a un avistamiento. Dijo que cada vez que salía al exterior, el patio se iluminaba por espacio de unos segundos. Y no podían ser relámpagos, pues sólo había unas pocas nubes en el cielo y no se preveía tormenta alguna.

 
 
 
 

Vieron un avistamiento de ovnis

Yolié y su hermana Yolanda se levantaron apresuradamente y salieron al exterior. Al principio no veían nada, pero a medida que se iban alejando de la casa pudieron distinguir, aparentemente sobre las vías del ferrocarril, hacia el este, dos extraños objetos luminosos en forma de disco unidos por un tubo brillante. Yolié lo describiría más tarde como “algo que se parecía a un pequeño tren, intensamente iluminado”. Numerosas siluetas que las hermanas calcularon que serían unas 40 que se movían en el interior del tubo. Las figuras eran humanoides, sin duda, y las mujeres pensaron al principio que debía haberse producido un descarrilamiento o algún tipo de percance, pero que no era un avistamientos de ovnis.

 
 
 
Avistamientos de Ovnis
 

Las hermanas decidieron acercarse para averiguar de qué se trataba, pero antes regresaron a la casa en busca de alguna prenda de abrigo. Dora Martina recogió también un Colt del 38 que guardaba para las ocasiones en que se quedaba sola en la estancia.

Yolié despertó a su otra hermana, Argentina, y le pidió que vigilara a su bebé. Cuando Argentina supo lo que pensaban hacer Yolié y Yolanda, trató de convencerlas para que desistiesen de su empeño y les habló del peligro de guerrilleros y saboteadores. Pero después, llena de curiosidad, se aventuró a salir ella misma. Instantes más tarde observó unas extrañas máquinas cerca de la casa. Mientras se alejaba corriendo, tropezó y cayó sobre un montón de ladrillos que había en el patio. Yolié, Yolanda y Dora Martina salieron nuevamente de la casa y continuaron sus pesquisas. Cuando llegaron al lado sur del edificio, vieron una luz pálida y verdosa frente a ellas, muy cerca del portón de la estancia. Pensaron que podía tratarse de las luces del camión que conducía uno de los peones de la hacienda, y Dora Martina corrió a abrir el por ton, enfocando su linterna en dirección a la luz verde.

 
 
 

En aquel preciso instante se dio esta experiencia, un objeto en forma de disco con cúpula apareció flotando en el aire frente a ellas. El aparato, de unos nueve metros de anchura y apariencia metálica, tenía seis ventanas intensamente iluminadas, y las secciones que lo componían estaban unidas con remaches. La cúpula también parecía metálica, pero menos luminosa y sin remaches. El objeto se balanceaba suavemente. Súbitamente, una franja multicolor comenzó a girar dentro de las ventanas y una niebla blanquecina se condensó alrededor del objeto, que emitió un zumbido apagado. Las testigos notaron como un olor a azufre que hasta aquel momento no habían apreciado.

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Todos estos detalles fueron observados por las tres mujeres en el espacio de unos treinta segundos. Después, sin advertencia previa, una lengua de fuego brotó del objeto, golpeó a Dora Martina y la arrojó, junto con las dos hermanas, al suelo. Al mismo tiempo se iluminaron otros tres discos sobre las vías del ferrocarril, sumando ahora un total de seis. Los padres, que se habían despertado sobresaltados con el ruido producido por los ladrillos al caer, contemplaban atónitos el objeto más próximo a la casa desde la ventana del cuarto de Argentina, que daba al este.

Mientras la franja multicolor giraba cada vez más velozmente en el interior de la nave, vieron cómo el disco iba siendo envuelto gradualmente por la niebla blanquecina, hasta que lo único que pudo apreciarse en este curioso fue una nube anaranjada. Entonces, un tubo de luz emergió de la parte superior del objeto y recorrió la fachada de la casa, como si la estudiase cuidadosamente. También de los objetos que estaban sobre las vías surgieron pares de tubos luminosos: uno se fijó en el gallinero, otro en el cobertizo del tractor y el tercero en una casa vecina. Los extremos de estos rayos de luz sólidos traspasaban la cerca y avanzaban con lentitud, empleando algunos minutos en cubrir la distancia, de unos 180 metros, entre las vías del ferrocarril y el cobertizo, a dos metros del cual se detuvieron finalmente. Los haces, de forma cilíndrica perfecta, tenían unos tres metros de diámetro y no proyectaban sombras.

En un impulso temerario ante estos avistamientos, Yolié introdujo un brazo en uno de los haces, pensando que podía tratarse de un chorro de agua muy concentrado. Pero lo que sintió fue una fuerte sensación de calor, que no dejó ningún rastro en su piel. Entonces corrió hacia el interior de la casa, donde la temperatura se había hecho sofocante, subiendo desde los 16 a los 40 °C. También allí se apreciaba como un olor a azufre en el ambiente, y todo el mundo sentía ardor y escozor en la piel. Mientras la madre de Yolié rezaba, sus hermanas Argentina y Yolanda trataban de convencer al padre para que no saliera al patio.

La casa estaba iluminada como si fuese de día, pero nadie logró explicar de dónde provenía la luz. Ninguno de los testigos pudo apreciar si los haces luminosos atravesaban las paredes, aunque ésta podría ser una explicación. La luz causaba un marcado efecto sobre los animales domésticos. Los Moreno, que tenían tres perros muy feroces para vigilar la hacienda, notaron que, cuando la luz caía sobre los animales, éstos se callaban de inmediato y se quedaban apáticos, como si estuviesen dormidos. Cuando, ocasionalmente, los haces fluctuaban, los animales parecían volver a la vida. Instantes después en este avistamientos de ovnis, el objeto más próximo a la casa enfocó su haz tubular en dirección a Trancas. La luz avanzó lentamente durante unos 15 minutos, y Yolié calculó que debía haber llegado a los suburbios del pueblo. Luego, de forma sorprendente, el haz cambió de nuevo de sentido y volvió sobre la casa, hasta que acabó por retirarse lentamente y se dirigió hacia los otros objetos que estaban sobre la vía. Finalmente, los seis objetos se elevaron y se alejaron a poca altura en dirección este, hacia la sierra de Medina.

Desde el comienzo habían transcurrido unos 40 o 45 minutos. Media hora después de la desaparición de los objetos, el horizonte seguía teñido por un resplandor anaranjado. Cuando se recobraron de la conmoción, los Moreno se aventuraron a salir al jardín. Todavía flotaba en el aire la nube producida por el objeto que había estado más próximo a la casa. Era muy espesa y despedía un fuerte olor a azufre, y tardó unas cuatro horas en disiparse. Un periodista que visitó a la familia al día siguiente dijo que el calor y el olor a azufre dentro de la vivienda eran sorprendentes.

Debajo mismo del lugar donde flotara el objeto de este gran relato, los Moreno encontraron un montón de bolitas blancas de 1 cm . de diámetro que formaban un cono de 1 m de altura. Al día siguiente también hallaron idénticas bolitas junto a las vías del ferrocarril. Si se las apretaba ligeramente, las bolitas se desintegraban. Más tarde, cuando fueron analizadas en los laboratorios del Instituto de Ingeniería Química de la Universidad de Tucumán, pudo comprobarse que estaban compuestas por un 96,48 % de carbonato de calcio y un 3,51 % de carbonato de potasio. La policía local, que inició rápidamente una investigación acerca de lo acontecido en la estancia de los Moreno, descubrió que el señor José Acosta y toda una familia apellidada Huanca habían visto la extraña iluminación en los terraplenes del ferrocarril, y que el señor Francisco Tropiano observó los seis discos volando por el cielo a eso de las 22.15, más o menos la hora en que había terminado la extraordinaria experiencia de los Moreno.

¿Cuál puede haber sido el propósito del sorprendente sitio de la solitaria estancia? Se diría que los desconocidos pilotos de las naves efectuaban alguna investigación; pero, ¿qué esperaban encontrar? Otra posibilidad es que estuvieran reparando sus naves, y los rayos de luz quizá fuesen usados para evitar que los observadores se acercaran. En todo caso, y cualquiera que fuese su propósito, parece que no deseaban causar daño alguno a la familia de los Moreno.


 

 
 
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