Puesto que en misiones largas la memoria de los observadores no era suficiente para que recordaran todo lo que habían visto, se instalaron cámaras en los aviones antiguos para proporcionar una documentación completa. Francia, cuya fuerza numérica a comienzos de la guerra era de 160 aeronaves, creo aviones especializados de reconocimiento fotográfico. Los modelos principales de estos aviones antiguos fueron los Morane-Saulnier parasol y los Farman con hélice detrás del motor. La importancia vital de las tareas de reconocimiento aéreo se consolidó definitivamente el 3 de septiembre de 1914, cuando los aviadores franceses observaron un creciente distanciamiento entre las posiciones que ocupaban cerca del Marne el Primer y Segundo Ejército alemanes. El haber podido observar esta apertura, fue decisiva, he hizo que terminara con la victoria de los aliados en la batalla que se libró posteriormente.
El ejército alemán fue la que propició y fomentó el reconocimiento aéreo, y en particular la realizada a través de fotografías, desde el comienzo de la guerra. Alemania producía las mejores lentes del mundo y poseía una pujante industria en cuanto a cámaras fotográficas, luego instaladas en los aviones antiguos. Comenzaba la guerra y el Alto Mando alemán ya tenía en su poder una documentación fotográfica completa relativa al Frente Occidental cuyos datos se actualizaban cada dos semanas. Hacia 1916 prácticamente todos los cuarteles generales del ejército alemán poseían su propio destacamento, integrado por tres aviones antiguos especiales equipadas con cámaras fotográficas, e incluso modelos como el L.F.G. Roland C. II, diseñado específicamente para tareas de reconocimiento fotográfico. En los tiempos de la última gran ofensiva de la guerra, el Servicio Aéreo del Ejército Alemán tomaba diariamente alrededor de 4.000 fotografías.
Gran Bretaña delegó las tareas de observación a los aviones antiguos del tipo del B.E. 2c, de la Royal Aircraft Factory, que su velocidad máxima era de poco más de 113 km/h. Este era un modelo de gran estabilidad desde el cual se podía registrar el suelo con el más sumo detalle, con la ventaja de que exigía al piloto una concentración mucho menor que una máquina de elevado rendimiento. Pero para los aviones antiguos de esa época, lo último eran los cazas alemanes, y los B.E. 2c eran presa fácil para los alemanes. En 1915 apareció en escena el caza alemán Fokker E 1. equipado con una ametralladora sincronizada para hacer fuego a través de la hélice, y fue el B.E. 2c el que soportó el peso de sus ataques. De los 80 aviones antiguos derribados por Manfred Von Richthofen (El Barón Rojo), por ejemplo, 47 eran aviones de reconocimiento.
Hacia 1918 el R.E. 8 había reemplazado al B.E. 2c. Sólo en el Frente Occidental había más de 2.000 de ellos en uso, principalmente para concentrar con precisión la artillería (informando por radio para corregir el tiro). El de Havilland D.H. 9, con un alcance de aproximadamente 500 km, era capaz de fotografiar objetivos estratégicos al este del Rhin, y la RAF acabó la guerra con aproximadamente 9.000 cámaras aerotransportadas en servicio.